Pasó su mano por su espalda, y el amor y la compasión se fundieron. Quizás era más fácil permanecer ciego al mar, aunque su boca sólo se llenara de espinas por las noches.
La tolerancia era eterna, y en ciclos de egoísmos, su mente recaía en algo que antes era inútil remover.
Aún no entendía si su duda se merecía al encierro o al diluvio de promesas. Nada parecía conquistarla. Era más fuerte que ella.
A la espera de que rompa el silencio, la sal abandonó su cuerpo. Aún húmedo en sus pensamientos, se echó a andar, detrás de su sombra.
Él no sabía más del mundo, sólo las aguas le calmaban el cerebro, que en la oscuridad despertaba para describirse a sí mismo.
1 comentario:
me gusta =)
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