La historia pintó de suerte aquel macabro contexto. Ignorando la situación brindó asilo a las penas que pretendían esquivar su rostro en la oscuridad.
Cada tanto las asperezas del cerebro se desfiguraban con el humo. No tenía a nadie entre sus brazos, y la distancia fue una cuestión de costumbres.
El mar volvió a tapar su cuerpo de espuma. Jugaban a ser serios por la noche, aunque con el sol sólo eran huérfanos de amor.
Se deshizo la sonrisa, así como el arte deshizo su supuesto imperio sentimental.
El frío se alejaba, y la nada resurgió en su alma, cantando al suelo y a su futuro, con plegarias sin rima, mojadas por la sal.