A cada paso, veía su rostro alegre en el espejo. Se dividía en dos, y se soñaba limpiando las almas que tanto lo habían hostigado.
Llegó el sábado y fue libre, aunque pasaron los días y volvió a sentir la angustia por no pertenecerle al mar. Con la sensación de ser un juego más, escribió versos en su vientre para volver a conquistarla. Nada funcionaba en el contexto y sus labios comenzaron a disolver el pasado.
Tres golpes irrumpieron su vida, y la nada volvió a ser parte de sus encuentros. Las flores se secaron debajo de sus cuerpos, lastimados por el deseo. Sin límites de dios, sólo se ofrecieron sus almas, ahorrando las palabras para ellos.
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