4/4/08

Todos, todos...

Detrás de todos aquellos insultos a la vida, algo tomó un rumbo confuso, o por lo menos para mí. Todos eran cómplices de estúpidos bailes, mientras ella, poco a poco ignoraba el interior de mis pensamientos.

Cada noche juraba no volver a llamarla, cada noche me desilusionaba y caía en una trampa de recuerdos que nunca tocaron fondo. Sin embargo, aquel juego le sentaba bien. Ya casi sin esperanzas me maravillaba con verla pasear, sonreír mientras mordía su anzuelo.

El sol estaba por llegar y a pesar de los reiterados intentos, nada podía hacerme dormir luego de desquebrajarme. Solía tener mi propio discurso ante la situación, aunque ni ella ni yo podíamos soportarlo. Esperaba sólo una señal para poder ahuyentar sus egos, sin embargo nada de eso llegaba.

Añoraba ciertos aromas de desencuentros y amores ajenos, por lo que buscaba donde sea lo que nadie supo dar. Todo era banal, los tiempos miraban al futuro mientras yo corría tratando de escapar del sometimiento que su esplendor generaba.

Ya sin ganas si quiera de sonreírle, sólo me bastó con dejarme llevar por el aire, para convertirme por instantes en uno más, a quien saluda por compromiso. Sus labios sonaron a nada, mientras dormía ya sin lunas.