A cada paso, veía su rostro alegre en el espejo. Se dividía en dos, y se soñaba limpiando las almas que tanto lo habían hostigado.
Llegó el sábado y fue libre, aunque pasaron los días y volvió a sentir la angustia por no pertenecerle al mar. Con la sensación de ser un juego más, escribió versos en su vientre para volver a conquistarla. Nada funcionaba en el contexto y sus labios comenzaron a disolver el pasado.
Tres golpes irrumpieron su vida, y la nada volvió a ser parte de sus encuentros. Las flores se secaron debajo de sus cuerpos, lastimados por el deseo. Sin límites de dios, sólo se ofrecieron sus almas, ahorrando las palabras para ellos.
15/10/10
(sin nombre)
Esquivó su consciencia, mientras bailaba tangos con su recuerdo. Nada le parecía tan real como ella, a quien poco había visto. Se conocieron un verano, quizá los dos esperando la próxima estación, aburridos ya del calor y el asfalto.
Atis era aún sensible a los poemas mal recitados, su corta edad no le dejaba distinguir siquiera la anestesia de su despecho.
El no le parecía un gran hombre, sin embargo bajo su piel las lágrimas acumuladas abandonaban la sal y la oscuridad. En tanto él, dedicaba sus lunas a describir su mejilla, entre el humo de cigarrillos sin terminar.
Con el absurdo frío, sus labios, más femeninos que nunca, prefirieron esquivar el simple balbuceo, y entre promesas de desamor fue fiel a su espina que ocultaba bajo su ropa.
No quiso dejarlo escapar desde su primer llanto empapado de alcohol, del cual sólo el rencor pudo hacerle eco.
Se adueñó del mundo, y mientras todos se preocupaban por su mirada, las heridas ajenas no la conquistaron, y el amor se detuvo en la nada, bajo la soledad y su universalidad.
Atis era aún sensible a los poemas mal recitados, su corta edad no le dejaba distinguir siquiera la anestesia de su despecho.
El no le parecía un gran hombre, sin embargo bajo su piel las lágrimas acumuladas abandonaban la sal y la oscuridad. En tanto él, dedicaba sus lunas a describir su mejilla, entre el humo de cigarrillos sin terminar.
Con el absurdo frío, sus labios, más femeninos que nunca, prefirieron esquivar el simple balbuceo, y entre promesas de desamor fue fiel a su espina que ocultaba bajo su ropa.
No quiso dejarlo escapar desde su primer llanto empapado de alcohol, del cual sólo el rencor pudo hacerle eco.
Se adueñó del mundo, y mientras todos se preocupaban por su mirada, las heridas ajenas no la conquistaron, y el amor se detuvo en la nada, bajo la soledad y su universalidad.
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