25/10/07

Entre tiempo y mares

En susurros había elevado aquella canción a los estímulos más reconfortantes del amor. Sin embargo volver a oír sus palabras rotas por lo flagelos causaban admiración y disconformidad a la vez.

Había regenerado toda posibilidad de estimular mis amenazas. Todo aquello que me hacía morir ahora soplaba siluetas de lejanas parejas donde nunca pude recorrer las sombras que forman las noches de lazos.

Mis necesidades por reconfortar la homogeneidad de la nada sólo afectaban las puertas de una calurosa primavera, haciendo que cada deseo se vuelva un penar.

Las horas como cuentagotas ahora me sonreían, me torturaban. La elección entre ocasos siniestros daban sus augurios y yo ya no quería más letras rondando por las huellas de abriles.

El pasado callaba los cuentos de ilusiones y la felicidad se veía a lo lejos partir, remarcando lo ya roto y guardado. Vagué y caminé por ahí, por donde las pastillas contra la locura no tienen más que melancolías ante la obligación que el mundo hace perdurar.

Los cigarrillos continuaban recolectando trozos rotos de señales que nunca quise ver. En intentos por aliviar a los soles emergentes, dormía sus frases en camas de cristales, irrumpiendo sus deseos y calmando mis miedos.

Nostalgias de una profesión

Ya había perdido las licencias de un foro que nunca volvería a vivir. El mundo había dejado aquel lugar mágico para caer en remotas banalidades. Las frases de encierros ahora se transformaron en pecados para mis sentimientos. Convertirme en otro más, se hacía intolerable.

Cada rincón de sustancias amorosas era masticado por entes abstractos. Acuchillando mis egos, volvía a morir en penumbras de insomnio. Mi yo estimulado, buscado, ya sólo lo encontraba bajo la luz de la noche. Cada instante memorizaba las opciones de posibles futuros caducados en una elección promiscua.

Las terapias internas cada vez se hacían menos sostenibles. Murmuraba en silencios la ayuda. Los logros parecían nunca llegar, dejándole lugar a los márgenes más recurrentes. Aquellas pantallas no me daban lo que alguna vez imaginé entre test y persuasiones.