22/4/08

"Que vuelvan los lentos"

La verdad como único fundamento posible y capaz de funcionar como método anticonceptivo en una noche llena de voces y músicas rondando por el aire. Llegan las 2 de la mañana y la congregación de personas en las puertas de los boliches se hace insoportable y deseable a la vez para muchos. Como un rebaño de hombres y mujeres en celo, desde las alturas, domadores deciden quiénes serán sus presas, formando los contactos necesarios para poder hacer de la soledad un conjuro de pasados próximos.

Sin embargo, entre el caos, las mentiras balbuceadas por los labios de desesperados hombres, son el camino más rápido y aconsejable para quienes todavía temen el rechazo y la ridiculez de lo vulgar. Las aproximaciones se hacen imposibles y como títeres aprovechan de la incomunicación que el ruido genera, para estrechar las caras de la más bellas, o bien, de las más accesibles.
Los códigos son conocidos por todos, ellas resignan sus cuerpos y escotes al baile, entre risas y amigas. Pero todo aquel estorbo no es sólo una excusa para los desaforados maestros del colchón rápido.

La evolución social dejó inactivas las almas amorosas. La fluidez de los medios, del orgasmo y de los pequeños pechos, forman parte de un todo que termina en la felicidad de los hombres que sólo pretendieron sexo cuando detrás de sus orejas se impregnaban de perfume barato.

Pasan las horas y la virilidad comienza a sentir el miedo que genera terminar la noche abrazado a la botella, solo y acordándose de amores pasados que creyeron olvidar. Antes de que todo esto pase, con la ebullición del alcohol en el cerebro, los hombres preparan su mejor prosa para conquistar lo que antes siquiera osaron reojear. El velorio se aproxima y con el mayor esfuerzo por mantener el equilibrio y los líquidos dentro de la boca, se hace insostenible la charla, por lo que la unión entre machos e histéricas sin suerte da sus frutos. Por fin, besos para algunos. Pero otros, ya con su melodía bajo el brazo, aguardan la próxima noche, para aullarle a las mujeres no volver a la realidad de la soledad eterna que la actualidad regala.

4/4/08

Todos, todos...

Detrás de todos aquellos insultos a la vida, algo tomó un rumbo confuso, o por lo menos para mí. Todos eran cómplices de estúpidos bailes, mientras ella, poco a poco ignoraba el interior de mis pensamientos.

Cada noche juraba no volver a llamarla, cada noche me desilusionaba y caía en una trampa de recuerdos que nunca tocaron fondo. Sin embargo, aquel juego le sentaba bien. Ya casi sin esperanzas me maravillaba con verla pasear, sonreír mientras mordía su anzuelo.

El sol estaba por llegar y a pesar de los reiterados intentos, nada podía hacerme dormir luego de desquebrajarme. Solía tener mi propio discurso ante la situación, aunque ni ella ni yo podíamos soportarlo. Esperaba sólo una señal para poder ahuyentar sus egos, sin embargo nada de eso llegaba.

Añoraba ciertos aromas de desencuentros y amores ajenos, por lo que buscaba donde sea lo que nadie supo dar. Todo era banal, los tiempos miraban al futuro mientras yo corría tratando de escapar del sometimiento que su esplendor generaba.

Ya sin ganas si quiera de sonreírle, sólo me bastó con dejarme llevar por el aire, para convertirme por instantes en uno más, a quien saluda por compromiso. Sus labios sonaron a nada, mientras dormía ya sin lunas.