22/2/11

Trastorno indocumentado

 
Las instituciones se derrumbaron. Su aura se desvaneció, refugiándose en la nada misma, en la modernidad del sexo. La distancia se volvió en un principio el propio flagelo. Nada se pudo desordenar para acabar en ramos de soles.

Lo infinito terminó en el infierno, se tocó fondo y la desigualdad de sentimientos fueron desfigurando las presencias ajenas. Cada uno tenía una perspectiva que nada podía hacer reaccionar al otro. Ni el olvido ni el perdón funcionarían en dos segundos de desamor.

Amormal

Con la desgracia como bandera se puso a andar. Quizá poco había aprendido de la esperanza mientras acobijaba recompensas en el anden, y procuraba vivir del derrame espiritual.

La ignorancia también la llevó al conflicto, a inmolar los sentimientos y transformar su aura en una parte ajena al mundo real, para desmantelarse en la sufragio de las vanidades.
 
Todo lo anormal, ahora formaba parte de su propia religión, de verdades sostenibles en el tiempo. Robó hasta su historia, su amor por las cosas, el arte, y se convirtió en un eslabón del odio. Escuchó lo que él quiso, leyó lo que él quiso, y ahora era prófuga sin pasado. Quienes antes adoptaron su caminar como una compañía, prefirieron olvidarla y dejarla pasar, como un simple error del amor.
 
Así, la daga caliente fue quemando las heridas que se habían provocado, y cuando todo al fin era calma, llegó el olvido para apoderarse de los sueños, de la luz y del futuro lejos de su espanto.