Las instituciones se derrumbaron. Su aura se desvaneció, refugiándose en la nada misma, en la modernidad del sexo. La distancia se volvió en un principio el propio flagelo. Nada se pudo desordenar para acabar en ramos de soles.
Lo infinito terminó en el infierno, se tocó fondo y la desigualdad de sentimientos fueron desfigurando las presencias ajenas. Cada uno tenía una perspectiva que nada podía hacer reaccionar al otro. Ni el olvido ni el perdón funcionarían en dos segundos de desamor.
No hay comentarios:
Publicar un comentario