Era un simple silencio. Quizás un par de días atrás, eso no le complicaba las razones para evitar ser visto.
Ahora estaba detrás de una vidriera. Se sentía indiferente, estúpido y hasta incomprendido. Las malas palabras ya eran parte de su propio conocimiento. El tiempo era parte de la espera propuesta.
Cada tanto se maltrataba, seguía la condena, esperando alguna señal que mantenga el amor.
Le perteneció durante noches enteras, de poco sueño y muchas letras desordenadas.
Las mañanas lo llenaban de sol, para llegar vivo a la noche, y volver a empezar.
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