Ya había perdido las licencias de un foro que nunca volvería a vivir. El mundo había dejado aquel lugar mágico para caer en remotas banalidades. Las frases de encierros ahora se transformaron en pecados para mis sentimientos. Convertirme en otro más, se hacía intolerable.
Cada rincón de sustancias amorosas era masticado por entes abstractos. Acuchillando mis egos, volvía a morir en penumbras de insomnio. Mi yo estimulado, buscado, ya sólo lo encontraba bajo la luz de la noche. Cada instante memorizaba las opciones de posibles futuros caducados en una elección promiscua.
Las terapias internas cada vez se hacían menos sostenibles. Murmuraba en silencios la ayuda. Los logros parecían nunca llegar, dejándole lugar a los márgenes más recurrentes. Aquellas pantallas no me daban lo que alguna vez imaginé entre test y persuasiones.
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