Lo mejor sería continuar con aquel tormentoso silencioso. Las cosas oscuras tenían más significados. Ya no importaba si quiera quién perdía la cabeza jugando el primer paso.
Yo observaba atento cómo ella miraba mi boca, ella sólo se incomodaba por el desarreglo de mi barba.
Así, con el movimiento de las cosas, cada uno elegía qué pensar del otro.
Las conversaciones seguían al igual que el ocultamiento de lo inevitable. Así prosiguió hasta que el agua se terminó y cada uno volvió a la rutina.
1 comentario:
En el incansable afán de entender lo que pasa alrededor de uno... se llega a conlusiones y observaciones que normalmente no se llegan a entender o en el peor de los casos realizar. Pero es interesante reconocer que la rutina mata y las cosas vividas nos obligan a avanzar y sobre todo a aprender de ellas, aunque a veces duelan.
Segui adelante con tus palabras que se convierten en frases... y finalmente generan sentimientos.
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