16/12/08

Vea Dios

Se prometió no llorar para esa fecha. Tenía los dedos contados y las armas en su boca para poder hacerle frente a los minutos. Tuvo una canción durmiendo entre sus cuerpos, a la distancia de su epitafio desvanecido.

La misa no dejó despedidas y el olvido fue eterno entre las copas de alcohol. Habían dejado en el cielo de aquel verano nubes sin terminar. Fue siniestro su amor y sus ganas de contarle al mundo un día más. Nada lo había dejado tan abstraído como aquel sol.

Pasaron los meses y el reencuentro no iba a llegar. Su familia acomodaba las cenizas para terminar el año, y él sólo se prometía no llorar.

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